Principios Básicos de la BIBLIA
ESTUDIO 10: EL BAUTISMO EN JESÚS
La importancia vital del bautismo | ¿Cómo deberíamos bautizarnos? | El significado del bautismo | El bautismo y la salvación | Digresiónes (Repetición del bautismo, El nivel de conocimiento que se requiere antes del bautismo, El ladrón en la cruz, Una muestra del servicio bautismal) | Preguntas

10.4 BAUTISMO Y SALVACIÓN

El bautismo nos asocia con la muerte de Cristo, de aquí que solamente a través del bautismo podemos tener acceso al perdón. Somos "sepultados con él [Cristo] en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante... Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados... os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados" (Col. 2:12,13). Somos "lavados... en el nombre del Señor Jesús" (1 Co. 6:11), es decir, el bautismo en el nombre del Señor Jesús es el medio por el cual nuestros pecados son lavados. Esto era tipificado en Números 19:13 donde aquellos que no pasaban por el agua de purificación tenían que morir. Demostramos en el Estudio 10:2 que el bautismo es un lavado de los pecados (compárese Hch. 22:16). La descripción de los creyentes como siendo lavados de sus pecados en la sangre de Cristo por consiguiente se refiere a hacer esto por medio del bautismo (Ap. 1:5; 7:14). Ti. 3:5 habla de esto como "el lavamiento de la regeneración", refiriéndose a nuestro nacimiento del agua en el bautismo (Jn. 3:5).

A la luz de todo esto, es comprensible que la respuesta de Pedro a la pregunta "¿qué haremos" (para ser salvados) fuera "arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados" (Hch. 2:37,38). El bautismo en el nombre de Cristo es para el perdón de los pecados; sin él no puede haber perdón de pecados y los no bautizados deben, por consiguiente, recibir la paga del pecado, la muerte (Ro. 6:23). No hay salvación excepto en el nombre de Jesús (Hch. 4:12), y sólo podemos compartir ese nombre bautizándonos en él. Este hecho significa que las religiones no cristianas de ningún modo conducen a la salvación. Ningún verdadero creyente de la Biblia puede aceptar que estas religiones puedan hacerlo; el hecho de que el catolicismo y su amplio movimiento ecuménico lo consideren, es un triste reflejo de su actitud hacia la Escritura Santa.

La resurrección de Cristo a vida eterna es una señal de su triunfo personal sobre el pecado. Con el bautismo nos asociamos nosotros mismos con esto, y por consiguiente se habla de nosotros como habiendo sido resucitados con Cristo, no teniendo el pecado más poder sobre nosotros, como tampoco lo tiene más sobre él. Por medio del bautismo somos por consiguiente "libertados del pecado... porque el pecado no se enseñoreará más de vosotros" después del bautismo (Ro. 6:18,14). Sin embargo, después del bautismo aún pecamos (1 Jn. 1:8,9); el pecado está aún en posición de esclavizarnos de nuevo si nos apartamos de Cristo. Nosotros estamos, por consiguiente, compartiendo actualmente la muerte y sufrimientos de Cristo, aunque el bautismo demuestra que estamos también asociados con la resurrección de Cristo, la cual esperamos compartir a su regreso.

Sólo en perspectiva somos libres del pecado. "El que creyere y fuere bautizado será salvo" (Mr. 16:16) al tiempo de la segunda venida de Cristo. Finalmente, la salvación no ocurre directamente después del bautismo, sino en el tribunal del juicio (1 Co. 3:15). En realidad, no hay necesidad de la doctrina del juicio si recibimos la salvación en el bautismo, como tampoco deberíamos morir. "El que persevere hasta el fin, éste será salvo" (Mt. 10:22).

Aun después de su bautismo, Pablo (y todos los cristianos) tenía que luchar por la salvación (Fi. 3:10-13; 1 Co. 9:27); él habló de "la esperanza de la vida eterna" (Ti. 1:2; 3:7; 1Ts. 5:8; Ro. 8:24) y de ser "herederos de salvación" (He. 1:14). En el tribunal del juicio los justos entrarán en la vida eterna (Mt. 25:46) La maravilla de Pablo inspiró brillos lógicos a través de Romanos 13:11. Él razona que después del bautismo podemos saber que cada día que vivimos y perseveramos es un día más cerca de la segunda venida de Cristo, así que podemos regocijarnos de que "ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos". Por consiguiente nuestra salvación no la poseemos ahora. La salvación es condicional; seremos salvados si mantenemos la verdadera fe (He. 3:12-14), si recordamos las doctrinas básicas que abarca el evangelio (1 Ti. 4:16; 1 Co. 15:1-2), y si hacemos aquellas cosas que están en armonía con tan gran esperanza (2 P. 1:10).

El verbo griego traducido "salvado" es, por consiguiente, usado algunas veces en el tiempo continuo, mostrando que la salvación es un proceso en marcha que está ocurriendo dentro de nosotros por razón de nuestra continua obediencia al evangelio. De este modo se habla de los creyentes como "los que se salvan" por su respuesta al evangelio (1 Co. 1:18; otros ejemplos de este tema continuo se hayan en Hch. 2:47 y 2 Co. 2:15). Esta palabra griega para "salvado" es solamente usada en el tiempo pasado referente a la gran salvación que Cristo hizo posible en la cruz, y con la que podemos asociarnos nosotros mismos por el bautismo (2 Ti. 1:9; Ti. 3:5).

Todo esto es ejemplificado por el trato de Dios con el Israel natural, lo que forma la base para su relación con el Israel espiritual, es decir, con los creyentes. Israel dejó Egipto, raepresentando el mundo de la carne y la falsa religión con la que estamos asociados antes del bautismo. Ellos pasaron a través del Mar Rojo y luego viajaron por el desierto de Sinaí hacia la tierra prometida donde ellos fueron establecidos completamente como reino de Dios. Su cruce por el Mar Rojo es un tipo de nuestro bautismo (1 Co. 10:1,2); el viaje por el desierto, de nuestra vida presente, y Canaán, del reino de Dios. Judas 5 describe cómo muchos de ellos fueron destruidos durante el viaje del desierto: "El Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron". Israel fue por consiguiente "salvado" de Egipto como todos aquellos que son bautizados son "salvados" del pecado. Si se hubiera preguntado a uno de aquellos israelitas, ¿son ustedes salvos? su respuesta pudo haber sido, Sí; pero esto no significaría que ellos habían sido definitivamente salvados.

Del mismo modo que los israelitas se volvieron a Egipto en sus corazones (Hch. 7:39) y se volvieron a una vida de placer carnal y falsa doctrina, así aquellos que han sido "salvados" del pecado por el bautismo pueden del mismo modo caer de la posición bendita en la cual están. La posibilidad de que hagamos lo mismo que el Israel natural en el desierto es enfatizado en 1 Corintios 10:1-12; Hebreos 4:1,2 y Romanos 11:17-21. Hay numerosos ejemplos en la Escritura de aquellos que fueron una vez "salvados" del pecado por el bautismo, cayendo más tarde en una posición que indica que serán condenados al regreso de Cristo (He. 3:12-14; 6:4-6; 10:20-29). La doctrina ‘una vez salvados siempre salvados’ de los predicadores ‘evangélicos’ celosos, es mostrada por lo que es por tales pasajes: sofisma complaciente de la carne.

Como con todas las cosas, un sentido de balance correcto se necesita cuando se busca asegurar hasta qué punto somos "salvados" por el bautismo. El acto no debería ser visto como seguridad de nuestra oportunidad de salvación, una mejor posibilidad que sin bautismo. Volviéndonos "en Cristo" por el bautismo somos salvados en perspectiva. Realmente tenemos una esperanza segura de estar en el reino de Dios si seguimos permaneciendo " en Cristo" como lo estamos cuando nos levantamos de las aguas del bautismo. En cualquier momento después de nuestro bautismo podríamos tener la humilde confianza de que seguramente seremos aceptados en el reino al regreso de Cristo. No podemos estar definitivamente seguros, porque podemos caer el siguiente día; no conocemos nuestro futuro espiritual personal en esta vida.

Debemos hacer todo lo que podamos para mantener la buena conciencia que tenemos con Dios en el bautismo. El bautismo es "la aspiración de una buena conciencia" (1P. 3:21); el candidato al bautismo aspira (promete) mantener esa clara conciencia con Dios.

Mientras que el bautismo es de vital importancia en garantizarnos el acceso a la gran salvación que está disponible en Cristo, debemos tener cuidado de no dar la impresión de que por un acto u ‘obra’ del solo bautismo seremos salvados. Antes hemos mostrado que una vida de continuo compañerismo de la crucifixión de Cristo es necesaria: "El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Jn. 3:5). Una comparación de esto con 1 Pedro 1:23 muestra que el nacimiento que ocurre en un verdadero bautismo debe ser seguido por nuestra gradual regeneración por el espíritu/palabra. La salvación no se debe sólo al bautismo: es un resultado de la gracia (Ef. 2:8), fe (Ro. 1:5) y esperanza (Ro. 8:24), entre otras cosas. Algunas veces se escucha la discusión de que la salvación es producto de la fe sola, y por consiguiente una ‘obra’ como el bautismo carece de importancia. Sin embargo, Saantiago 2:17-24 pone en claro que tal razonamiento hace una falsa distinción entre fe y obras; una verdadera fe en el evangelio demostrará ser fe genuina por las obras en que resulte, por ejemplo, el bautismo. "El hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe" (Stg. 2:24). En varios casos de bautismo, el creyente preguntaba qué debía "hacer" para ser salvo; la respuesta siempre incluyó el bautismo (Hch. 2:37; 9:6; 10:6; 16:30). ‘Hacer’ la ‘obra’ del bautismo es por consiguiente una indicación necesaria de nuestra creencia en el evangelio de salvación. La obra de salvarnos definitivamente ha sido hecha por Dios y Cristo, pero necesitamos hacer "obras dignas de arrepentimiento" y creencia en esto (Hch. 26:20, compárese con Mr. 16:15,16).

Antes hemos mostrado que el lenguaje de lavamiento de pecados se refiere al perdón de Dios para nosotros a consecuencia de nuestro bautismo en Cristo. En algunos pasajes se nos habla del lavado de nuestros pecados por nuestra fe y arrepentimiento (Hch. 22:16; Ap. 7:14; Jer. 4:14; Is. 1:16); en otros Dios es visto como el que lava nuestros pecados (Ez. 16:9; Sal. 51:2,7; 1 Co. 6:11). Esto muestra magníficamente que si hacemos nuestra parte bautizándonos, Dios lavará entonces nuestros pecados. Así la ‘obra’ o acto de bautismo es un paso vital para aferrarse al evangelio de gracia de Dios (favor inmerecido) que ha sido ofrecido a nosotros en Su palabra.


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